sábado, 6 de octubre de 2012

¿La justificación del desorden?


No es que quiera justificarme, pero reconozco que en casa en cuestión de orden podría parecer que somos un desastre. No porque no me guste ser ordenada, ni porque no me esfuerce por intentarlo, pero es entrar en la bitoketa y pensar "Porrr favorrr, ¿qué caos es éste? Es que aquí no se limpia ni se ordena". Creo que te equivocas de lleno. Dicen que tu libertad acaba donde empieza la de los demás. En la mesa de la bitoketa es igual. Se aplica la ley del más fuerte. Aquí cada una lucha por el espacio donde estar y crear libremente. Mantenerlo ordenado es someterse sólo a las reglas impuestas desde fuera. Así que sólo la verás ordenada cuando no hay nadie que la use, que por otra parte eso nunca ha pasado, o cuando se impone una visita, o un evento importante por aquello de aparentar lo que no se es. De resto verás que, cuando una de nosotras va a crear algo nuevo, empuja y arrastra literalmente lo del otro hacia un lado para hacerse el espacio necesario en la mesa, restándole centímetros al de los demás. Y así mi pequeño espacio, donde habitualmente descansan mi ordenador, mi agenda y mis apuntes, miles de veces se ve invadido por las muñecas de Aída con sus últimas creaciones y sus telas, hilos y agujas, sus lápices de colores y sus dibujos, una nintendo o sus juegos o carátulas abiertas de cualquier manera, los libros del cole, papel de calcar, la notita que manda la maestra para anunciar cualquier cosa, los dibujos mangas de Estéfani, su ordenador y complementos, las diademas y coleteros, los auriculares, los cds, más recortes de tela, lápices grandes y chicos, útiles o inútiles, restos de alambre, perlas y cuentas varias, mis alhajas abandonadas al llegar de la calle, más cables, marcadores fluorescentes, hilos de lana, más apuntes, más notitas, por otro lado Chipy descansando sobre un folio, sobre un cuaderno, sobre una mochila, sobre cualquier cosa, porque para un gato cualquier cosa es una cama... Pero así es la bitoketa. No pretendas que sea de otro modo, porque de estar limpia y ordenada seguro que estaría muerta y muerta no es atractiva. Con una caja de juguetes en perfecto orden no apetece jugar. En una estantería de libros perfectamente ordenados no apetece perturbar dicho orden. A una tarta primorosamente adornada es como pecaminoso hincarle el diente. Opino que un espacio propio como éste es para vivirlo y disfrutarlo a tope y que sea el reflejo de nuestra personalidad. De nada sirve el espacio de una casa lóbrega y estática para la mera contemplación. Y me da que pensar que la bitoketa abruma y apabulla a quien la vea desde fuera. Muy en el fondo, reconozco que me gusta que la estantería de los cuentos a ratos esté abarrotada de libros fuera de su sitio y amontonados de cualquier manera porque eso quiere decir que mis hijas o sus amiguitas los han hojeado o leído. Me gusta que haya dibujos y lápices por todas partes porque eso quiere decir que alguien ha estado dibujando, pintando o proyectando, dejando volar las ideas que salen de su mente. Me gusta ver recortes de telas y restos de hilos por cualquier parte porque sin duda aparecerá en cualquier esquina de la mesa una muñeca con un nuevo vestido hecho de torpes pero ya seguras puntadas. Me quejo del desorden de la bitoketa pero lo siento necesario y a veces ya no lucho contra él y pienso que ojalá en todas las casas hubiera un espacio de libertad sin las cortapisas de lo políticamente correcto y ordenado.

martes, 14 de agosto de 2012

Bienvenidos



¡Hola a todos!

Les doy la bienvenida a este espacio. En mi casa hay un sitio muy especial, la biblioteca, que fue bautizado dos veces: la primera por un cura que la roció con agua bendita allá por el otoño de 1997 para que fuera un lugar donde la creatividad, el esfuerzo, la amistad y la cultura tuvieran un lugar. Luego, por una personita que, al tiempo que pronunció por primera vez "bitoketa", se percató del error y corrigió el término por "biblioteca" casi inmediatamente. Me gustó su manera de rectificar y mejorar su pronunciación, pero aun así me reservé el término cariñoso como una lección de aprendizaje y de vida.

Éste también es un sitio donde mejorar cada día. La bitoketa es un lugar donde me gusta estar y hacer muchas cosas; es la habitación más grande y la principal de mi vida y de mi casa, donde, entre otras muchas cosas, se aprende, se juega, se comparte, se enseña, se descansa y se es persona. Aquí siempre hay un proyecto para poner en práctica.

Sin más, te invito a conocer LA BITOKETA DE CAMY